En la Huasteca Potosina se hizo común, en estos días, ver unidades automotrices de distintos tamaños desplazándose hacia la zona sur de este bello girón del estado potosino, cargadas de despensas y otros enseres. Acuden a los municipios más afectados por las aguas que bajaron por el río Moctezuma, con la intención de regalar a los ciudadanos que lo perdieron todo un poco de ayuda que mitigue su lamentable situación.
En estas caravanas vehiculares se distinguen tres tipos de intencionalidad en las ayudas. La primera, que es institucional, llega en vehículos con logos del Gobierno del Estado de San Luis Potosí y es entregada a los afectados por personal de distintas dependencias, incluso elementos de la Guardia Civil Estatal. Destaca la entrega de artículos de la canasta básica, colchonetas, herramientas para limpieza y hasta algunos electrodomésticos. Esos apoyos institucionales se constatan a través de boletines oficiales emitidos por medios de comunicación, de manera constante.
La segunda es la que aportan de manera directa ciudadanos comunes y organizaciones dedicadas a la labor social, de tipo no gubernamental. En este caso, no hay publicaciones públicas de sus entregas, y las enfocan en comunidades en las que previamente hicieron un sondeo de los artículos que pueden serles útiles y, así, sin mayor trámite, van y los entregan.
La tercera es la que más se publicita en las redes sociales, ya sea en las cuentas personales de los espontáneos benefactores o en inserciones pagadas en algunas páginas de internet. Utilizan frases y mensajes trillados, con poca creatividad, repetidos del pasado. Comparten las fotografías de sus vehículos y de sus aportaciones, de las entregas que hacen a los destinatarios, de los abrazos solidarios que agregan a la despensa, de sus zapatos llenos de lodo, de las lamentables condiciones en que se encuentran los lugares a los que asisten y del llamado lastimoso para seguir apoyando.
Casualmente, la mayoría de estos benefactores ha expresado, en una o varias ocasiones, su deseo de seguir sirviendo desinteresadamente al pueblo; de sacrificarse por ocupar un cargo público desde donde puedan ayudar a los que no tienen y a los que nunca han tenido; de prometer un cambio en la sociedad, de la misma forma que cada tres años se promete.
Esta tercera clase de benefactores, más que ayudando, anda buscando reflectores para la que viene, pues qué mejor que una desgracia para hacerse notar y buscar la simpatía popular que les repercuta en votos.
La mayoría de los ciudadanos es consciente de las intenciones de quienes otorgan estas ayudas, aunque todavía hay un gran sector de votantes a los que se les endulza la democracia con estas acciones.
Llámese como se llame, resulta por demás deleznable y ruin aprovecharse de un escenario electorero construido con una tragedia.
Así las cosas.