Una de las historias que el suspirante putrimillonario tanquianero, Gerardo Sánchez Zumaya, ha repetido en diversos foros es el relato de su secuestro, ocurrido hace alrededor de 14 años. También describe la caída económica de su familia: “Nos quedamos sin nada”, dice, y comparte que tuvieron que acudir a una institución bancaria a solicitar un crédito para remediar su situación económica, palabras más, palabras menos.
En la promoción de su búsqueda de la candidatura al Gobierno del Estado de San Luis Potosí, realizó algunas reuniones con ciudadanos de distintas partes del estado, hizo graves señalamientos en contra del actual gobernador potosino, José Ricardo Gallardo Cardona, publicitó una fundación de ayuda social (Fundación Gesa) y, últimamente, apareció en las redes sociales haciendo acusaciones en contra del alcalde PoliSía, Enrique Francisco Galindo Ceballos.
Hoy es noticia nacional uno de sus parientes políticos —y, se sabe, socio en algunos negocios emanados de contratos generosamente otorgados por Pemex—: Héctor “N.”, ex candidato a la presidencia municipal de Ébano, también cuñado del actual alcalde de la cuna del petróleo, detenido hace unos días en el puerto de Tampico en relación con el escandaloso y putrimillonario asunto del huachicol, que hoy ha alcanzado incluso a un vicealmirante de la Secretaría de Marina (Semar).
Crecer como empresario en este país requiere de muchos años de disciplina, sacrificio y arduo trabajo. Esos años de esfuerzo, sin embargo, se simplifican cuando se logra tener un “contacto” al interior de dependencias gubernamentales que, en aras de “hacer negocios” y salpicar parejo, facilitan el acceso a jugosos contratos que traen aparejada una bonanza económica muy pronta y expedita. Esa sí, no como la impartición de justicia.
Diez años después de que la familia del putrimillonario de Tanquián de Escobedo cayó en la quiebra económica, hoy presumen, sin pudor, una fortuna que en poco tiempo les ha alcanzado para comprar ranchos ganaderos, principalmente en la Huasteca Potosina, tal como lo han hecho algunas familias huastecas en periodos generacionales de más de cien años de trabajo y esfuerzo; eso sí, sin contratos gubernamentales.
Hoy los negocios a costa del erario se han extendido a algunas presidencias municipales que, con su apoyo económico, lograron ganar en la elección pasada. Para muchos de quienes vivimos en la Huasteca Potosina, no es un secreto la manera en que se enriquecen cada tres años al pasar por las presidencias municipales. Con esas referencias, y con los apoyos políticos conseguidos con el dinero emanado de Pemex, anda ahora muy insistente en conseguir la candidatura al gobierno del estado potosino, sin tomar en cuenta, tal vez, que además de mucho dinero se necesita estructura y logística. Pronto veremos si logra comprarse el caprichito.
Así las cosas.